domingo, 22 de febrero de 2015

LOS CACTUS (AUDIO RELATO). POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ.



LOS CACTUS (AUDIO RELATO)


Algunos cactus son comestibles debidamente preparados,otros no. Sea como sea, todo tiene su función y utilidad.



jueves, 19 de febrero de 2015

martes, 17 de febrero de 2015

EL CEREZO DE LOS SUEÑOS.POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ.




Relato para el evento literario organizado por el Colegio Nuestra Sra. de los Ángeles para oyentes menores de catorce años.


EL CEREZO DE LOS SUEÑOS.
En el ocaso anaranjado, que acariciaba suave y meloso la aldea pontevedresa cuando la jornada del campo tocaba a su fin, se recortada, de un modo cuanto menos caprichoso y curioso, la silueta de aquel solitario e imponente cerezo. Era tan misteriosa su existencia en aquella región que los lugareños lo observaban siempre de lejos, con ojos de admiración, temor y, cómo no, de ignorancia. El cerezo había estado allí desde que se podía recordar, en lo alto de la suave colina y se alzaba descarado sobre el resto del horizonte aledaño. Había conocido generaciones y generaciones que vivieron en la pequeña aldea. Era pues, uno más de los muchos elementos parlantes que constituyen el paisaje de ”a nostra queridiña terra do meigas”.

Era en aquella aldea pequeña y sencilla, eminentemente fetichista y propiciatoria de leyendas ancestrales, donde vivía Juanciñó; un rapaz de seis primaveras cuyo frágil cuello soportaba a duras penas el enjambre de remolinos y fantasías que tenía por la cabeza. Era dulce y risueño pero travieso, curioso… ¡No podía ser de otra manera considerando su edad!

Aunque advertido cientos de veces por sus mayores, aquella pizca de niño que alegraba sus adultas existencias llamado Juanciñó subía cada tarde a la torre del campanario e imaginaba que aquella grácil silueta vegetal, temida por tradición y sin motivos aparentes, conversaba con él. Se imaginaba a su lado manteniendo conversaciones en las que en ocasiones había silencios prolongados y en otras, un montón de preguntas indiscretas y directas.

Un día cualquiera, al salir de la escuela, el rapaz se dispuso a llegar hasta el pie del misterioso cerezo. Por el camino se encontró primero con el Sr. Manuel, que como cada tarde había sacado a su vaca a dar un paseo como si fuera un perro encerrado en casa que deseara desfogarse en libertad. Luego con el cura del pueblo, Don Ramón. Como era costumbre Juanciñó corrió para besarle la mano, aprovechando el puño de la impecable sotana para restregar rápida y disimuladamente su moqueante nariz. Quería que el cerezo con el que tantas veces había soñado lo conociera por lo menos con la cara limpia. Respecto a las rodillas raspadas o con cardenales no podía hacer nada.

Prosiguió pues su camino y al pasar por los maizales de la tía Carmiña, encontró oculta entre ellos a Angelina, una de las nietas de la dueña del terruño. Era una muchacha de diecisiete años, frescachona y lozana. Tenía novio formal, aunque con pocas intenciones de pasar por la vicaría. Vivía en la aldea vecina a la de Angelina y cada tarde pasaba por los maizales de la tía Carmiña sabiendo que su novio le esperaba allí impaciente, con el diablo riéndole entre las piernas.

Caminando, caminando, Juanciñó llegó por fin a lo alto de la colina y como era de esperar encontró al cerezo de sus sueños. Absorto el rapaziño quedó mirando sus frutos: caritas carmesí, brillantes y risueñas que pendían de sus delgadas ramas. Las cerezas maduran desde finales de primavera hasta principios de verano, siendo un período muy corto de recolección en comparación con otros árboles frutales. Pero aquel cerezo parecía darlas todo el año, o al menos eso decían de él.

Escuchó de pronto una voz extraña que parecía salir del interior del tronco:

-¿Cómo te llamas?

Juanciñó al principio se asustó; estaba muerto de miedo por las muchas advertencias que había recibido. No sabía si seguía jugando en su imaginación o si la charla era real. Mas luego pensó que de qué se iba asustar. Era la misma voz que le invitaba a visitarlo cada tarde, cuando subía a la torre del campanario a escondidas.

Así, se decidió entrar en diálogo con el cerezo:

-¿Por qué quieres saber mi nombre?

-Porque te he de llamar de algún modo si vamos a ser amigos.

-Juanciñó-respondió al fin.

-¿Qué edad tienes?

-¡Carallo! Ya sabes que al gallego no le gusta decir la edad que tiene -protestó.

-¡Está bien! –respondió el árbol con paciencia.

Estuvieron charlando durante un buen rato; hasta que Juanciñó quedó dormido sobre las abultadas raíces. Se sentía protegido y acurrucado, casi mecido. Sus sueños estuvieron llenos de risas, juegos, colores y música alegre.

A la mañana siguiente, cuando despertó, le preguntó el rapaz al cerezo:

-¿Por qué te tiene miedo la gente de la aldea?

-Porque soy un árbol extraño en esta región.

-¿Y porqué vives por aquí?

-Porque mi vida es de los duendes y personajes de los cuentos que conoces. Si no viviera aquí, los niños de la aldea no sabrían ningún cuento porque no habría personajes que los protagonizaran.

-¿Sabes? A veces he soñado que era uno de esos personajes…

-¡Eso es fácil de hacer realidad!

-No…-respondió el niño con resignación.

-Soy un árbol mágico; muchos niños y algunos adultos han llegado hasta aquí con sueños parecidos y se han hecho realidad. ¿De veras quiere ser un personajillo?

-¡Claro!

-Pues come  uno de mis frutos.

El cerezo bajó una de sus ramas para que Juanciñó alcanzara a coger el fruto más sabroso de todos los que de sus ramas pendían. De ellas salían pequeños corimbos de varias flores juntas, ni arracimadas ni solitarias. El rapaz mordió lleno de ilusión la cereza y  la suavidad de su fruto, que se caracteriza por poseer una única y poco profunda hendidura en un lado, le supo dulce y jugoso. Al instante desapareció dejando un olor a inocencia.

El sol del nuevo día iluminó la aldea y despertó al Sr. Manuel y a su vaca, y a Angelina, y a Don Ramón, y a tantos otros que vivían sumidos en la ignorancia.

Cayeron muchas hojas en el calendario de la taberna del puerto; los lugareños seguían temiendo al cerezo de los sueños sin saber por qué razón. Sin embargo nadie pudo echar en falta a Juanciñó, ni siquiera sus padres o parientes más allegados, porque cada vez que una abuela cuenta un cuento a sus nietos o una madre canta una nana a su hijo, allí estaba Juanciñó flotando en el ambiente, risueño y eterno como todos los personajes que constituyen la tradición oral de Galicia, fastuosa de tesoros y entrañablemente humilde al mismo tiempo.




sábado, 14 de febrero de 2015

LA RIFA. POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ PARA LA COMUNIDAD LITERARIA MAGERIT






No siempre lo que creemos desear es lo que nos satisface. No nos engañemos.


LA RIFA


El local se encontraba bastante tranquilo en comparación con visitas anteriores. Había varios grupos de clientes que se habían distanciado unos de otros para guardar su colectiva intimidad lo mejor posible. Cada uno de ellos solía situarse más o menos en la misma zona, como si tácitamente hubieran marcado su territorio. Tal manadas de mandriles en celo, guardaban las distancias. Había también, cómo no, clientes solitarios y dispersos que consumían sus bebidas en silencio, con la cabeza gacha u oteando ávidamente el horizonte como suricatos en pie en busca de peligros potenciales o presas fáciles. La música no era de rabiosa actualidad, si bien era bailable para la mayoría que se animaba a mover el esqueleto. 

En uno de los grupos se estaba produciendo una verdadera revolución sin precedentes y de manera inesperada. Los ojos de Paloma se iluminaron lascivamente cuando Víctor propuso que realizarán una rifa; una lotería cuyo premio sería pasar una noche de lujuria con él. Todos se mostraron dispuestos a secundar la propuesta, contentos de romper la monotonía en que la fiesta, ya avanzada, estaba cayendo a altas horas de la madrugada. Entre risas y bromas participaron tanto hombres como mujeres, conscientes de que se trataba de un juego más o menos inocente que animaría la noche. Los varones, con o  sin prejuicios, con verdadero deseo o sin él, siempre podrían alegar los desastrosos efectos del alcohol para justificar sus deslices, si llegaban a consumarse. También lo entendió así Paloma, pero un par de guiños que Víctor le lanzó, rápidos y clandestinos junto con su propio deseo, que como siempre en su presencia se apoderaba de ella, acabaron por confundirla.

El desconcierto aumentó cuando Lázaro, la mano inocente de su antiguo amigo universidad, la convirtió en incrédula ganadora al sacar su nombre de entre los participantes de un calcetín del premio rifado. Ni que decir tiene que se podía haber utilizado otra simbólica urna para tal fin, pero les había parecido cómico meter la mano en el, prepararse hormonalmente al momento con un sucedáneo de queso manchego añejo, bien curado. No era tan elegante como beber champán de un zapato con tacón de aguja pero tenía su aquel…

Paloma había deseado el cuerpo de Víctor desde el mismo día en que lo conoció, aunque en lugar de convertirlo en su amante, sólo consiguió hacer de él uno de sus amigos. Ella se negaba a reconocer su enamoramiento. Era una situación incómoda. En una ocasión, estando los dos bajo los efectos de otra alegría etílica considerable, desatadas las lenguas de manera espesa y el corazón de forma irreflexiva, ella le había propuesto hacer el amor en un acercamiento cauto pero claro. Estaba convencida de que una relación exclusivamente carnal sería la única que jamás volvería a traerle problemas. Herida aún como el primer día del desengaño, abatida como una paloma en lo más alto de su vuelo, creía que nunca volvería estar dispuesta para amar. Lo que recibió de Víctor fue silencio y la sensación de que sus alas eran desplumadas como las de una gallina para hacer caldo. Aún así, siguió frecuentando el grupo y, la compañía de Víctor, era casi continua. Uno se suele convertir en animal de costumbres, se acomoda y no tiene ganas de arriesgarse a nuevas experiencias.

Ahora, abrumada por la posibilidad que se le ofrecía en bandeja de plata, tuvo que hacer esfuerzos para aparentar que entendía todo aquello como resultado de una broma, que sus gestos y frases subidas de tono no eran sino un aderezo más de la farsa, del juego de esa etílica madrugada de verano.

Perdida entre risas sin control, carreras, unas veces producto de la huida y otras de la persecución; con una mezcla de alcohol y erotismo verbal desenfrenado, se descubrió, aunque celosa de su suerte, saliendo hacia la casa de Víctor entre las algarabías y felicitaciones del resto de los componentes de la fiesta. Muchos la envidiaron, ya fuera en público o en secreto. La mayoría los despidieron con gestos bastante explícitos y groseros, tal y como convenía la situación. Incluso las otras manadas, ante el jaleo, barruntaban que sucedía y actuaron en consecuencia.

El aire fresco de la madrugada la despejo bruscamente resucitando de nuevo el sentido, que aún convaleciente, la obligó hasta tres veces a detener sus pasos y, mirando a su acompañante, verificar que todo aquello no era un sueño. No dejaba de percibir una sensación de irrealidad en todo aquello. Sin querer reconocerlo se sentía incómoda y lamentó, en cierto modo, que la borrachera se esfumara tan rápidamente. No quería pensar en sus actos y consecuencias. Notaba como si dos fuerzas opuestas tiraran de ella pero dejándola en el mismo lugar. Por el momento ninguna era más potente que la otra y se dejó llevar por la inercia.

Tras unos diez minutos a pie, que parecieron eternos, llegaron al edificio que ella reconocía. Si le quedaba algún resto de aturdimiento desapareció con los enormes esfuerzos que tuvo que hacer para subir a Víctor a su casa, situada en el tercer piso, después de comprobar que el ascensor no respondía al botón de llamada y que su futuro amante se encontraban en tal estado de embriaguez que los pies apenas conocían los límites de cada escalón. Se quejaban constantemente, rompiendo el equilibrio de la pareja, que en varias ocasiones estuvo a punto de desandar lo subido rodando como pelotas densas llenas de alcohol.

Por fin, descansando en cada piso, llegaron a la casa. Ya dentro y encendidas las luces, Paloma no se detuvo hasta que depositó su carga en el dormitorio que, cómo fondo de muchas de sus fantasías y sueños, le era tan familiar. Se sentó también sobre la cama, limpiándose el sudor que brillaba en su frente, perlada por el forcejeo de la subida y la fiebre interior sofocada. Sabía que su maquillaje se había arruinado totalmente, pero… ¿para qué arreglarlo?

Miró el rostro inconsciente, el cuerpo que tanto había negado a regañadientes y que nunca tuvo tan cerca desde aquella nefasta ocasión. No pudo evitar acariciar la cabeza de pelo negro, de una profunda obscuridad, que se curvaba graciosamente en el nacimiento del cuello, Oler su característico perfume sobre aquella piel morena la enriquecía con innumerables matices y contrastes que ahora competían con el fuerte aliento de alcohol despedía el borracho. En ese momento el pecho de Víctor se convulsionó ligeramente. Aunque intentó incorporarse con rapidez no pudo evitar vomitar, en parte de la cama, un catálogo denso y consistente: jamón serrano a medio masticar, patatas fritas y restos verdosos de lo que podría ser guacamole con nachos. Las arcadas duraron casi un minuto y cuando terminó, se limpió la boca con el dorso de la mano de manera intuitiva, inconsciente. Ella casi hizo lo mismo en un acto gástrico solidario, pero controló el asco ajeno.

Paloma se sentó ahora en el suelo, algo acurrucada, indecisa, sin saber qué hacer. Entre el regreso de su propio malestar y el panorama que se le presentaba delante optó por dejarse llevar por la somnolencia, que la invadía por momentos. No supo cuento tiempo pasó, posiblemente no más de una hora, pues aún era de noche. Ella se incorporó al tiempo que Víctor abría los ojos. Ambos se miraron en silencio; unos segundos para que alcanzaran la realidad que caminaba más rápido que ellos. Antes de que ella, preocupada, pudiera preguntarle cómo se encontraba y si necesitaba algo, él la espetó con voz gangosa y torpe:

-¡Hagámoslo ya!... ¿no es lo que estás deseando?

En ese momento, como si la frase hubiera sido la contraseña mágica que rompiera el encantamiento, Paloma supo que no era aquello lo que buscaba. ¡En absoluto lo era! Había tratado de engañarse repitiéndose que eso era lo único que no le traería complicaciones, pero la más poderosa atracción sexual no era nada sin el condimento del amor, la sal de la ternura, los aromas del cariño, la generosidad y la compresión. ¿Qué quedaba entonces? ¿Qué es lo que realmente quería? ¡Aquello no!

Paloma se alisó la falda para amortiguar las arrugas. Recomponiéndose el cabello como pudo, se prometió que nunca más volvería a aquel local con fiestas locas para los clientes con “edad de oro”. Había otros muchos para viudos y pensionistas en los que, tal vez, encontrara lo que estaba buscando: alas nuevas para continuar volando a pesar de la artrosis y moverse al son de canciones que no fueran tristes y desconsoladores boleros.

De ahora en adelante… ¡Salsa y pasodobles! ¡Y mejor calvos o platinos que con bisoñés! Eso sí, el tema de la dentadura postiza era negociable siempre y cuando cada una estuviera en distinto vaso.



martes, 10 de febrero de 2015

PRESENTACIÓN DEL NUMERO 12 DE LA REVISTA GRATUITA GAY+ART









Nuevos relatos, más colaboradores; vamos creciendo cada vez más gracias a vosotros.  
En esta ocasión, además de los relatos, diseños gráficos y demás aportaciones de mis compañeros de proyecto contiene un especial San Valentín

Gay+Art es un proyecto de auto-promoción para escritores y artistas gays, lesbianas, transexuales y héterosexuales que incluyan en su obra referencias al mundo homosexual en positivo.

Es gratis y si os gusta, por favor, compartid el enlace. Hay alguna modificación respecto al sistema de descarga según las nuevas políticas de Bobok, pero seguimos siendo los mismos de siempre, o mejores.

http://www.bubok.es/libros/238883/GayArt-12-Revista-de-Literatura-y-Arte-Grafico-Gay

miércoles, 4 de febrero de 2015

VÍDEO DE LA LECTURA DE "PERSEO" EN EL EVENTO "LECTURAS BIPOLARES" DE LA COMUNIDAD LITERARIA MAGERIT





"Perseo" fue uno de los relatos leídos en el evento "Relatos Bipolares" organizado por la Comunidad Literaria Magerit. (Vídeo proporcionado por un asistente)

Los grandes héroes reviven sus hazañas una y otra vez y, en muchas ocasiones, han sido considerados como ejemplos a seguir.



martes, 27 de enero de 2015

Φ (TAU) EL NÚMERO ÁUREO & SINAPSIS. POR DAVID MARIO. VILLA MARTÍNEZ.





Φ  (TAU) NÚMERO ÁUREO


El número áureo o de oro (también llamado razón extrema y media,razón áurearazón doradamedia áureaproporción áurea y divina proporción) representado por la letra griegaφ (fi) (en minúscula) o Φ (fi) (en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias, es un número irracional:

 



Aquí, ahora, tenemos una conciencia de la realidad. Pero, ¿Y si no fuera  la única?



Φ  (TAU) EL NÚMERO ÁUREO & SINAPSIS



Φ (TAU)…. Por fin he alcanzado mi destino tras tanto tiempo. Han merecido la pena los estudios de Tercera Fase en el Centro Experimental Cuántico; ahora estoy preparado para supervisar el Instituto de Sueños Futuros y manejar los contenidos almacenados en la Segunda Vida. Estaba deseoso de ello. Es emocionante, aunque debo guardar distanciamiento para poder ser objetivo. 

Φ (TAU)…. Jamás imaginé el placer extrasensorial que proporciona poder acceder libremente a todas las dependencias de paso restringido. La sensación de poder, sin duda alguna, puede convertirse en algo más fuerte que la voluntad de aquél que la siente. Pero ese peligro, gracias a la madre ciencia, cada vez es menor; solo quedan pequeños restos de lo que antaño fue el dominio de los instintos, un triste recuerdo de tiempos pasados superado por la trascendencia y la iluminación en la Mente Global. 

En mi memoria actual aún se conservan imágenes del milenio glorioso en el que las palabras tales como dictadura, opresión, codicia, guerra, hambre, miseria, miedo, ego quedaron antiguas en el diccionario de la Nueva Realidad para pasar al Compendio Descriptivo Histórico. Si los estudios sobre Permanencia Genética consiguen mejorar sus resultados y aplicaciones a nivel de estructura compleja, espero que mi Primera Vida se alargue hasta darme la ocasión de ser testigo de que todos los términos relacionados con el abuso y miedo del hombre formen parte del Libro de la Prehistoria de la Tercera Dimensión. 

Φ (TAU)….este es mi Santuario. Aquí se añade cada día un ladrillo más al puente de las Dos Vidas. En estas estanterías virtuales están almacenadas más de 300 Nevis (1 Nevi = 1000 millones de años) de Sueños Futuros. Y estamos en condiciones de afirmar que los últimos 100 Nevis están recogidos en su totalidad, pues desde entonces se comprobó que aquello que los Especialistas de Sanar entendían como enfermedad constituía en realidad en un viaje infrainconsciente a la Segunda Vida y lo que a nuestros ojos parecían convulsiones, dolores y pérdida de la localización terrena, solo era el reflejo exterior de la oposición del sujeto a abandonar otros paisajes, otras compañías, otras realidades y sentimientos mucho más maravillosos y perfectos que los conocidos. 

Hemos logrado recuperar muchas de las visiones que acompañan a lo que los antiguos llamaban Crisis y que en la terminología actual denominamos Visitas. No todos los sujetos tienen la capacidad de transmitirnos sus ensoñaciones y visiones, pero cada vez son más los que recuerdan el contenido de sus observaciones cuando recuperan la conciencia. 

Una de las teorías que espero tener desarrollada para el próximo Cónclave de las Séptimas de Acuario consiste en que estas personas poseen un estado mental más avanzado que el resto de los habitantes de nuestra superpoblada galaxia, y que en ellos las leyes de la evolución, que ya postulara hace tantos Nervis el Maestro Darwin, funcionan una velocidad más rápida, bastando un período de tiempo Cósmico Cuántico más pequeño para que se produzcan cambios perceptibles. 

Sábenos que los propietarios de Sueños Futuros eran proscritos en el origen de la civilización humana, a lo sumo enfermos. Ahora muchos de ellos han sustituido a sacerdotes, druidas, profetas, mulás, rabinos, gurús y ocupan un lugar esencial en la sociedad en su Nuevo Ciclo. 

Gracias a ellos tenemos más cerca el conocimiento de la Segunda Vida, la organización de una Naturaleza bajo nuevas leyes físicas y socioculturales, y la unión de todas las cosas en comunión ante la presencia del infinito y unidad. 

Sin embargo, mi cometido actual es otro bien distinto del mero estudio del funcionamiento de la Segunda Vida. Una labor que resulta a la vez desalentadora e ilusionante. ¿Existe la Tercera Vida después de la Segunda? Y en caso afirmativo, ¿cuántas Vidas habrá en total? 

Φ (TAU)… Bien, iniciaré mi tarea con el documento &2236k35-c. ¡Valla! Este aun guarda restos arcaicos y encriptados del tema. Bueno, empezaré por el comienzo entonces: “Epilepsia. Enfermedad crónica, caracterizada por crisis convulsivas con…”




jueves, 22 de enero de 2015

RUINAS. POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ



RUINAS




Me has preguntado por las ruinas,
que es lo que siento al contemplarlas.
Dudo, no se que decirte.
¿Te refieres a las tuyas o a las mías?
¿A las de dentro o a las de fuera?
¿A aquellas que mutuamente compartimos?
Ruinas...
Peyorativa palabra que no estimo.
Ruinas...
Parece que solo emana imágenes negativas.
Al verlas siento que hubo
y si es así existió,existí, viví...
Ruinas...
Cualquiera diría que es sinónimo,
equivalente a un lugar solitario,arrasado,
que conoció tiempos mejores.
Miro las ruinas y lo que siento y percibo
es que es un lugar donde se puede construir,
que desde los cimientos se puede revivir.
¿Piensas que no es cierto?
Todo lo pasado y vivido,
éxito o  fracaso pasados ruinas son.
Las ruinas son el ayer.
El presente es construir
las ruinas del mañana y volver a empezar.

domingo, 11 de enero de 2015

REFLEXIONES:RUPTURA. POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ


Reflexiones: Ruptura

Reflexiones: Ruptura


Quienes han experimentado un rompimiento amoroso probablemente pueden identificarse con muchas de las partes que se mencionan. Es importante señalar que nos referimos específicamente a algo que podemos llamar parálisis psicológica, desorientación y vacío que se experimenta tras la ruptura o separación de los amantes. No en todos los casos se experimenta la misma situación, porque la conducta humana varía mucho de una persona a otra.
Generalmente en una primera crisis se logra soportar esta situación aún siendo muy grave, la persona afectada no sabe cómo enfrentarlo. El dolor sentimental que produce esta relacionado con la intensidad del compromiso existente en la relación amorosa.
La ruptura y dolor se relaciona con lo que llamaremos cambio afectivo y este se determina por la cantidad de tiempo que uno ha pasado con la otra persona y por la profundidad del compromiso. Por ejemplo, hay parejas que han concluido o que se han visto hace poco tiempo y en estos casos el periodo para el cambio afectivo generalmente es corto.
Cuando la pareja continúa estando junta en períodos de estabilidad, alternados con crisis sentimental, el tiempo sigue y la relación sentimental pasa por un periodo de mayor profundidad en las emociones y sentimientos. Es importante que en los periodos de rompimiento, la persona siga desarrollando sus actividades y funcionamiento normal mientras que las heridas del ego se curan. Sabemos que no siempre es así: cuando el dolor es profundo la persona pasa por períodos largos de sentimientos confusos y vaivenes emocionales.
Consideramos que rompimiento, o los efectos del rompimiento, se vuelven mas problemáticos cuando se intenta reprimirlos o inhibirlos a través de la negación o a través de los excesos, como son las drogas, el alcohol y el sexo. El fracaso en reconocer y expresar el sufrimiento emocional puede perjudicar la salud psicológica y emocional de las personas, ya que serán afectadas sus posibilidades reales de formar nuevas relaciones amorosas en el futuro. Se puede temer que en la siguiente relación se repita la misma historia de acontecimientos, o peor aún, se duda de que uno mismo sea capaz de amar. Eso suele propiciar que "atraigamos" lo que pensamos con nuestra actitud.
Hacer frente a la experiencia del dolor y comprender en lo que uno fallo puede convertir el dolor en una experiencia de crecimiento y dejar una huella de ideas y emociones de cómo afrontar nuevas relaciones amorosas. La secuencia de un rompimiento emocional mal resuelto puede afectar a algo más que la salud emocional. Cuando la vida se llena de sufrimiento por la pérdida y no se pueden afrontar los sentimientos que acompañan a este sufrimiento, el cuerpo recibe la señal de que no se quiere recuperar.
Las penas no resueltas, la represión y la desesperación debilitan el sistema inmunológico, acarreando padecimientos en el organismo y dejando espacio a las enfermedades. Así que el dolor de la separación, aunque difícil, es necesario vivirlo; se debe recuperar, al igual que otras heridas, la capacidad de sanación de las emociones.
Después de sufrir una pérdida amorosa o sentimental el querer vivir desconectado de las emociones puede ser el peor error; experimentarlo significa estar en contacto con una realidad dolorosa que debe superarse.
Tampoco se trata de quedarse instalado en el dolor eterno y sufrimiento por la pérdida. Existen una amplia cantidad de síntomas que se experimentan por el dolor sentimental. Se puede abusar de la comida o del alcohol, así como de las pastillas para distintos dolores, para dormir, tranquilizantes, antidepresivos; pareciera que se está buscando una medicina para liberar el dolor. Lo lamentable es que no existen. Para cerrar las heridas del amor se debe pasar por un proceso, en otras palabras es el trabajo que debemos hacer para restablecer nuestra capacidad de amar. Debemos de empezar por nosotros mismos.
Se pueden producir un número importante de trastornos como son perder el apetito, dejar de dormir o de descansar, la pérdida de peso; se sube de peso, se pierde el cabello, se quiebran las uñas, se padece gastritis, se producen diarreas. Lo más difícil son los lapsos en que se pierde la memoria o en los que nos damos cuenta de que sólo usamos nuestra capacidad racional para recordar el dolor y a la persona relacionada con el mismo.
Tal vez se llegue a sentir como si tuviera poca o ninguna energía. La mayor parte de las personas tratan de sumergirse en la rutina diaria. Somos incapaces de recordar o ver lo bueno que tiene la vida o la gente que lo rodea.
Los pensamientos quedan limitados a la persona que hemos perdido y al dolor que esto nos produce. Muchas personas se aíslan, se recluyen y dejan de tener contacto por el temor a ser lastimados, o a no poder volver a encontrar alguien que valore lo que sentimos. Cuando se entra en el dolor emocional, es posible que nuestra vida parezca sin control.
Todo lo que nos rodea se encuentra lleno de un profundo vacío que se siente en el interior de nuestro ser. Existen una serie de etapas que se cubren en el proceso de la pérdida:

1. La pena y el dolor.

2. Sentirse culpable.

3. Enojarse.

4. Adaptarse a una nueva situación emocional.

5. Resolver el conflicto.

6. Encontrar el nuevo amor.

Es importante que sepamos que el dolor no siempre permanecerá en nuestra vida, es algo que se transformara al pasar el tiempo. En el momento de la pérdida los amigos, la familia, el trabajo, son los mejores aliados. Es importante que si el dolor supera tus fuerzas busques la ayuda de un especialista.
El dolor es una etapa que se puede superar comenzando por quererse a uno mismo.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

VÍDEO DEL TALLER DE NOVELA HISTÓRICA Y PROCESO DE DOCUMENTACIÓN


Se trata de un taller en el que aprenderemos a documentarnos para escribir ficción histórica.  Realizado en el Café La Flauta Mágica por iniciativa de la Comunidad Literaria Magerit.


sábado, 20 de diciembre de 2014

XI TERTULIA LITERARIA ZARCO. LA EPILEPSIA Y EL TRIBUNAL DE LA SANTA INQUISICIÓN





Más vale tarde que nunca. Gracias a un asistente a la tertulia os puedo ofrecer el vídeo de la presentación y tertulia que se llevó a cabo el 6 de noviembre de 2014 en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid con el apoyo del Aula Zarco.










lunes, 1 de diciembre de 2014

CULO VEO, CULO QUIERO. POR DAVID MARIO VILLA MARTÍNEZ






CULO VEO, CULO QUIERO

Los refranes tienen su aquel y en este caso puede censurar jocosamente a los caprichos, a quienes se les antoja cuanto ven. ¿O tal vez no siempre es aplicable? 


Es buena hora en el parque, en estas fechas, mediados de septiembre. Disminuye bastante el calor en la tarde, los aspersores que riegan algunas de las plantas estivales entran en funcionamiento y la gente se anima a salir de sus casas para pasear sola, con sus familias, con sus amigos o mascotas. Tras el letargo que produce en verano una comida copiosa y que se traduce en siestas de minutos, o de horas, la gente se anima, se arregla. Unos lo hacen de manera cómoda e informal expresada en pantalones cortos y camisetas de tirantes. Otros, los deportistas o con pretensiones de serlo, con ropas ceñidas u holgadas que facilitan sus movimientos rítmicos al correr o pedalear en bicicleta... Los hombres más osados se quitan las camisetas para lucir palmito con la excusa del sudor.

Los de más edad se dividen en varios grupos: aquellos que se visten con comodidad e informalidad, ya sea por falta de medios, ausencia de sentido estético o descuido, o los que engalanaran para ser vistos y admirados. En el tema de los niños la cosa es diversa, como los caprichos de los padres; ellos no tienen ni voz ni voto y la hora de jugar se ensuciaran igual si es que no son reprimidos por ser lo que son: criaturas explorando el mundo y disfrutando de el.

Por estar, no estoy escondido, pero sí discretamente situado. Algunos de mis compañeros están más a la vista, y posiblemente mejor situados. Yo me tengo que conformar con mi sitio, recalentado por el sol, esperando que alguien se acerque lo suficiente como para ser satisfechas mis curiosidades. Hay que permanecer alerta, inmóvil, paciente para lograr una buena perspectiva de los cientos de culos posibles y tener la suerte de que alguno se acerque a mí decididamente o con ciertas dudas. Me gustan todos, no puedo negarlo; pero tampoco puedo negar que tenga mis preferencias o predilecciones según qué día.

Algunos dirán que tengo algo de voyeur, pero mis necesidades van más allá de la mirada discreta de los glúteos. Hay una imperiosa necesidad de sentir las nalgas prietas o frágiles contra mí, comprobar si son inquietas o reposadas, si son constantes o irresolutas. Pocos caen en la cuenta en todo lo que un trasero nos puede contar de su  dueño si estamos dispuestos a aprender. Al principio somos incapaces de sentirlo, pero como en todo es cuestión de práctica y experiencia. Cada uno tiene su aroma primario, por decirlo de alguna manera elegante. Con el tiempo, desde donde me encuentro, puedo comprobar sí las nalgas se han transformado, cambiado de forma con el paso del tiempo. Pero, como digo, deseó más… Deseo sentirlas en toda su intensidad de extensión, de manera, a ser posible, sosegada, notando poco a poco cada pliegue, estría, poro o pelo nalgal si las telas lo hacen factible.

Muchos estaréis pensando que soy una especie de pervertido sexual con muchos complejos limitantes y que mi fijación es fetichista cuanto menos. Os puedo asegurar que no es así, que soy perfectamente normal, aunque incomprendido y que en muchos casos pasó desapercibido. Me hiere la indiferencia, pues alimenta la soledad que puedo llegar a sentir, especialmente en las noches. Como todos, quiero ser elegido, aunque solo sea por unos momentos cómplices o fugaces. Para algunos me he convertido, por razones que no logro entender del todo, en el banco favorito de descanso de sus nalgas agradecidas, ya sea por cansancio de piernas, juanetes, guarecimiento del sol cuando los árboles comienzan a dar sombra sobre mí en desgastados tablones de madera, o por mí discreta ubicación en el parque, ideal para confidencias, ya sea entre amantes o vecinos cotillas. Los ancianos que intercambian noticias de achaques y enfermedades, fallecimientos de conocidos o quejas acerca de hijos o nietos son también posaderas habituales.

Hay nalgas conocidas que han cambiado a lo largo del tiempo, como lo hacen las estaciones del año: primaverales, veraniegas, otoñales e invernales. Como banco nuevo y recién puesto en el parque llamaba la atención por el barniz brillante, por la ausencia de pintadas de grafiteros o de marcas de navajas o llaves en mi superficie impoluta. Hay nalgas ausentes y no sé qué habrá sido de ellas, si se habrán mudado de barrio junto a su dueño, o han fenecido con él. De vez en cuando reposan sobre mí traseros que son vacacionales, incluso extranjeros. En esas ocasiones me siento agradecido, muy cosmopolita e internacional. Siempre es interesante conocer culos nuevos.

Parece que se acercan traseros diversos en charla amena con toda la intención de descansar en mí. Depende de cómo se distribuyan puede que bascule un poco por la parte delantera izquierda, por donde el cemento ha comenzado a agrietarse. Ya se han sentado, los percibo también con mi respaldo; son muy distintos en forma, musculación y tamaño. Un hombre, una mujer y una niña. ¡Qué satisfacción más grande! Tienen al lado de mi apoyabrazos izquierdo un carrito de bebé. ¿Un posible culo para un futuro incierto, si es que llegó a permanecer aquí para entonces? No lo sé… Muchos bancos del parque están siendo reemplazados por modelos nuevos e incluso más ergonómicos. Mientras tanto disfrutó del presente y me siento realizado al cumplir el cometido por el cual fui diseñado: descansar los cuerpos y los panderos de mis creadores: los humanos.

lunes, 10 de noviembre de 2014

PRESENTACIÓN DEL NUMERO 11 DE LA REVISTA GRATUITA GAY+ART




Nuevos relatos, más colaboradores; vamos creciendo cada vez más gracias a vosotros.  
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martes, 4 de noviembre de 2014

EL LUGAR. POR RENÉ RICARDO DE LA BARRA SARALEGUI




RELATO PERTENECIENTE A LA NOVELA "LA BAÑERA DE EFRAIN"



EL LUGAR
                                                                                         
Hay un Lugar en mi casa, en donde las cosas no caen. Uno puede soltar un florero y no lo verá destrozarse en el suelo; puede derramar vino y jamás manchará la alfombra… No es un Lugar muy grande; pero está creciendo.
Al principio, era casi imperceptible: motas de polvo, hilachas, algún minúsculo trozo de papel, que no se decidían a tocar el suelo. Pero con el tiempo, pude ver con curiosidad, cómo comenzaron a flotar pétalos de flores mustias, monedas perdidas y tarjetas bancarias.
Entusiasmado, comencé experimentar con el lugar; arrojaba peines, tuercas, botones, ¡hasta caramelos!, por el solo placer de verlos levitar frente a mí.
Pero un día ocurrió algo inesperado: entré en la sala y luego de dar algunos pasos, uno de mis pies se elevó por encima de mi cabeza; ésta, a su vez, cayó sin llegar a tocar el suelo. Las llaves que llevaba en mi bolsillo izquierdo, flotaron alegremente junto a mi rodilla, mientras las monedas, que estaban en el bolsillo derecho, cayeron con estruendo.  
Quedé suspendido como si fuera una lámpara; pero sin alambres ni cables que me sostuvieran.
Desesperado, logré sujetarme de una puerta y jalar con fuerza, para que el peso del resto de mi cuerpo, hiciera que mi pie retornara al suelo.
Aquel desafortunado accidente me hizo comprender el peligro, y decidí no comentar el suceso. Si bien antes había mantenido el lugar en secreto por temor a que me tomaran por loco, desde entonces se convirtió en una obligación moral no avivar la curiosidad de mis amigos; cualquiera, menos afortunado que yo, podría quebrarse algún hueso, producto de alguna cabriola inesperada. 
A partir de entonces, mi vida giró en torno a las dimensiones del lugar; cada mañana, arrojaba papelitos de colores, para delimitar sus bordes. Si caían, aquel era un sitio seguro para caminar. Por la tarde, al volver del trabajo, repetía la maniobra apenas abría la puerta.
Con el tiempo, decidí a llevar una bitácora, para anotar cuidadosamente las dimensiones del lugar, buscando algún patrón que me permitiera anticipar zonas seguras en la casa. En medio de descripciones detalladas, intercalaba dibujos, gráficos, mapas, como si en verdad se tratara de un campo minado.
Y sin embargo, jamás fui capaz de predecir qué tamaño tendría en determinada fecha, ni hacia dónde crecería después. Mi hogar no era un sitio seguro.
Había que hacer algo.
Decidí llevar a cabo algunas remodelaciones; hice construir una nueva puerta de entrada; después, un segundo acceso a la cocina, el baño y mi habitación, supervisando personalmente los avances, no tanto para los obreros fueran diligentes, sino más bien para que ellos no descubrieran mi secreto.
Seguramente, mis ideas les parecerían desquiciadas, pero a medida que se dieron cuenta de que mi obsesión era para ellos una buena fuente de divisas, comenzaron a sugerir otros arreglos; fue así como aparecieron nuevas ventanas, salidas de emergencia y hasta un corredor que rodeaba la casa, al que se podía acceder desde cualquier habitación; de  ese modo, pensaba, nunca quedaría atrapado.
Pero fueron tantas las sugerencias, que pronto me quedé sin fondos y tuve que dar por terminada la remodelación; todavía no estaba lista la escalera de emergencias, que había planeado para salir de mi dormitorio directamente a la calle, pero me conformé pensando en que quizá más adelante podría pedir un crédito en el banco.
Pasaron algunos meses, y el lugar siguió creciendo. La mayor parte del tiempo lo hizo lentamente, de modo que, usando los papeles de colores, pude establecer rutas seguras para desplazarme dentro de la casa; pero también hubo semanas, en las que creció vertiginosamente, como cuando abarcó por completo la sala y mis sillones danzaron en el aire.
Meses más tarde, incluso mis salidas de emergencia estaban vedadas, y apenas podía circular por rutas estrechas, usando un complicado sistema de argollas que instalé en las paredes. Ya casi había agotado las existencias de papeles de colores de las librerías cercanas y debía usar cualquier cosa para delimitar fronteras. De ese modo, mi casa se tornó un caleidoscopio de corbatas flotantes, paños de cocina, periódicos, toallas y revistas, que –como la mayoría de los muebles– ya nunca más iban a caer.
Por las noches, no me atrevía a levantarme al baño, por miedo a quedar suspendido en el aire apenas pusiera un pie fuera de la cama. Dejé de tomar café, no volví a beber ningún tipo de líquidos después de las cuatro de la tarde y mis comidas, eran más bien livianas.
Aun así, no dormía tranquilo; antes de la madrugaba, solían oírse ruidos guturales, borboteos de cañerías y sonidos como el que hace una válvula de vapor cuando se abre. Me despertaba sobresaltado, y no podía dormir, hasta que el sol me mostraba con claridad la distribución de los objetos; con una rápida mirada, verificaba que la cómoda, los calcetines, la silla y mis pantuflas, estuvieran adecuadamente asentadas en el piso; entonces, dejaba caer un cojín junto a la cama; si no levitaba, era un buen lugar para apoyar mi pie; repetía la maniobra un par de veces, para estar seguro, y entonces,  me levantaba como un zombi, ojeroso y pálido, y siguiendo mis propios protocolos, iniciaba un nuevo reconocimiento de rutina. 
Al cabo de un año, el insomnio forzado me llevó a quedarme dormido en el trabajo, y tras varias amonestaciones, fui despedido.
Mis vecinos me insultaban cada vez que me veían. Los ruidos de mi casa, no dejaban dormir a nadie, y varias veces estamparon denuncias en mi contra. Hubo, incluso, una recolección de firmas para expulsarme del barrio.
Una noche, un vecino demasiado contrariado, lanzó una piedra enorme contra el ventanal de la sala; corrí aterrado, escalera abajo, contraviniendo mis propios protocolos. Temía que el lugar, al ver profanado sus límites, se apoderara de la calle. Pero solo encontré esquirlas de vidrio flotando sobre la mesa, mientras la piedra circulaba como un asteroide por entre libros y animales de porcelana.
Suspiré aliviado. Había sido una falsa alarma; solo debía alcanzar una de las argollas y volver a subir por la escalera. Di un paso temeroso, y mi pie se asentó firmemente en el suelo; mi mano derecha empuñó la argolla más próxima y una vez que me sentí firmemente asido, levanté con cuidado el otro pie, para alcanzar el primer peldaño.
Entonces, una especie de geiser invisible me levantó violentamente, desprendiéndome de la argolla. Sentí que no pesaba, que era un objeto más en una órbita errática en torno al retrato de mis padres que había caído estrepitosamente durante el último sismo; más allá estaba mi cristalería fina, que años de torpeza de diversas domésticas habían acabado por llevar a la extinción, la colección de estampillas de mi abuelo, que desbarató mi infancia, unos botines de lana para bebé, que supuse que alguna vez fueron míos… El lugar se había apoderado de toda la casa y ya no le bastaba con impedir que las cosas cayeran, sino que además devolvía a la vida a las que habían caído en el olvido… Había lagartijas, volantines rotos, carcajadas, biberones, pantalones cortos, trenes a escala, cuadernos ajados, lápices y gomas de borrar. Todo mezclado con discos de vinilo, estilográficas, posters, casetes, soldados de plomo, y el anillo de boda que Beatriz rechazó. Ahí estaba todo, cada día y cada año de mi vida, flotando, girando torpemente, como globos de fiesta, sin ton ni son. Y en medio de todo eso, formando parte de ese mundo ingrávido, estaba yo. Sabía que –como las migas de pan que alguna vez cayeron de la mesa, como los cristales rotos y los juguetes perdidos– jamás volvería a la realidad de los demás. Ahora, lo veía todo desde arriba. Distinguía claramente a la mujer que limpiaba el piso, trapeando con impunidad, incluso el sitio exacto donde el lugar apareció por primera vez.
Sentí compasión por los nuevos dueños, que no sabían que en esa casa había un lugar, un puntito más pequeño que un átomo en el que las cosas nunca llegaban a caer.




BIOGRAFÍA

René Ricardo de la Barra Saralegui: nace el 15 de junio de 1962, en Valdivia, Chile.  Pasa la mayor parte de su infancia y adolescencia en Temuco, en donde nace su vocación literaria. En 1980 inicia sus estudios de Medicina en la Universidad Austral de Chile (Valdivia). En plena dictadura militar, forma parte de las Juventudes Socialistas, participando activamente en la recuperación democrática y en la creación de la revista de la Escuela de Medicina, que a su vez dirige.
Una vez que se produce la vuelta a la democracia en Chile, deja de participar en política y se dedica por completo a la medicina.
En 1994, retoma de lleno su actividad literaria.
El  año 2001, se traslada a Buenos Aires, República Argentina, para cursar la especialidad de Psiquiatría, retornando a Chile el 2004. Desde entonces, reside en Puerto Montt, Chile. Está casado con María Edith Oliva; es padre de 4 hijos (René, Víctor, Felipe y Catalina), y tiene dos nietas (Amanda y Tiare).
El año 2012, recibe un nuevo impulso en su carrera literaria, al resultar finalista en un concurso de micro-cuentos en México, y al ser invitado al "V Encuentro de internacional de escritores", en Tarija, Bolivia. A fines de ese año, publica "Barrio bullicioso"; luego publicará dos libros más.
A la fecha, ha escrito cinco libros de cuentos, tres novelas, un poemario y un estudio monográfico sobre la mitología de Chiloé.
Ha publicado en las revistas Casa de las Américas, Insomnio, Palabras diversas, Punto de libro y Acantilados de papel, entre otras. Sus poemas y cuentos forman partes de antologías como "Recitario Nacional",  “Épica Batalla y otros cuentos breves”, "1000 poemas a Miguel Hernández", "500 obras a Oscar Alfaro", “Érase una vez…un microcuento II", "Márgenes Azules". 

Libros Publicados:
"Barrio bullicioso", 2012
"La bañera de Efraín", 2014
"El extraño hechizo de la noche", 2014