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lunes, 5 de mayo de 2014

VÍDEO DE LA LECTURA DE "LEYENDAS" EN LA JORNADA DE LA NOCHE DE LOS LIBROS


 LEYENDAS

La Noche de los Libros en el Mercado de San Antón

El Círculo Literario Mundi book realizó la lectura "Relatos de Barrio y Mercados" en el vestíbulo del Mercado de San Antón.

 (Vídeo cortesía de uno de los espectadores. ¡Gracias Vicente!)





jueves, 24 de abril de 2014

LECTURA DE "LEYENDAS" EN LA JORNADA DE LA NOCHE DE LOS LIBROS EN EL MERCADO DE SAN ANTÓN




 LEYENDAS

La Noche de los Libros en el Mercado de San Antón

El Círculo Literario Mundi book realizó la lectura "Relatos de Barrio y Mercados" en el vestíbulo del Mercado de San Antón.



Cuentan múltiples leyendas de distintas culturas del mundo, que el ser humano, último ser de la creación, buscó desnudo por la naturaleza quien le dijera qué clase de animal era, pues el creador no le  había informado sobre su identidad.

Intentó que la tierra misma que pisaba le susurrara algo a través de los diferentes árboles y plantas, que si bien eran bellos y, en ocasiones llenos de colorido, permanecían inmóviles a causa de sus raíces. Solo se mecían sus ramas, hojas o flores a causa del viento. Evidentemente no se reconoció en ellos y se marchó pensando cuan diferente era, y se percibió extraño.

Luego probó con los animales de diferentes tamaños, de distintos colores y formas, lentos o rápidos que vivían sobre la tierra, en las rocas o en los árboles; algunos se acercaron curiosos a él, pero se marchaban luego indiferentes. Otros le miraban desde lejos, cautos y expectantes. Unos le provocaban una sensación de inquietud bajo la piel, un hormigueo de temor que lo asustaba. Pero ninguno hablaba ni se movía como él, por lo tanto se sintió privilegiado, ajeno a ellos, distanciado…

Se dirigió después hacia las aguas del mar, donde se sumergió, comprobando que no podía mantenerse dentro mucho tiempo. Al contrario que los habitantes de aquel elemento azul y transparente, él tenía que respirar fuera. A pesar de la desilusión por no hallar las respuestas que buscaba, permaneció largo tiempo contemplando en zambullidas cortas la belleza de aquel mundo marino. No había ser similar a él y se sintió lejano y superior.

Continuó su búsqueda, atraído ahora por los animales que proyectaban en el suelo sombras en movimiento. Secándose al sol, observó a las aves que iniciaban el vuelo desde el suelo y como se alzaban hasta distintas alturas en un despliegue de elegancia, humildad o falsa sencillez según los casos, buscando cambios y caminos invisibles de inalcanzables y caprichosas geometrías. Ésta vez no necesito establecer ninguna comparación. Supo inmediatamente que él no podía volar jamás.

Sigue diciendo la leyenda que la fuerza creadora,  al ver la confusión del ser humano le dio la última capa de barniz, su principal creación quería más. Le aumentó la consciencia y le dijo:

"Tú eres un ser humano y tendrás compañero o compañera según salga de tu ser amar, independientemente de tu género. Tu especie podrá dominar el espacio y el tiempo, permanecer sobre la tierra hasta el fin de los ciclos. Sois los únicos seres de la creación capaces de pensar, de inventar, de sentir y transmitir sentimientos al más alto nivel; de aspirar a ideales inalcanzables y de realizar cualquier deseo racionalmente, de apreciar la belleza, de llorar o reír. Formas parte de lo que te rodea, eres uno con la tierra, con el resto de los seres que existen. Sois sus guardianes, mas no sus dueños.

Recuerda también que aunque muchas veces sufras el olvido de todo esto, serás el responsable, igualmente, de restaurar la dignidad a todos los hombres y mujeres por igual, sin que las diferencias por cualquier causa entre personas, puedan frenar esta ley de igualdad… Así mismo, aunque te consideres superior no olvides que dependes de la coexistencia con los otros seres con los que has estado comparándote. Sin ellos estarías solo, no tendrías nada; haz buen uso de ellos y se agradecido. Tampoco te olvides de tus iguales."

Y tal como comentó la fuerza creadora el ser humano, al poco, olvidó todo. Hubo guerras, invasiones mutuas; ya ni se reconocía a sí mismo en el otro. El ser humano, la tierra, los seres se fueron convirtiendo en un gran mercado; el mercado del mundo en el cual todo tiene un importe, incluso nosotros mismos; donde la oferta y la demanda reinan. Pensando que nuestras necesidades básicas serán cubiertas, con más o menos convicción, seamos conscientes o no, nos hemos convertido también en productos que como terneras, ovejas, pollos, merluzas, besugos, calabazas, peras o manzanas…somos consumidos, repelados e ingeridos con voracidad, mutuamente, pero con mucha más gula por nuestros alternantes dirigentes o gobernantes, que tampoco se identifican con nosotros. Todos nos sentimos ajenos, distanciados, comparados, consumidos; con hambre y con sed de muchas cosas, en ocasiones sin techo; incluso nos pueden calificar como mercancías caducadas. Sin embargo cada vez hay más productos que despiertan de una aparente única realidad y se plantean convencidos que debe existir otra forma de vivir; tal vez la han olvidado, tal vez haya que inventarla. Somos guardianes del mercado del planeta, y por lo tanto de nosotros mismos en las distintas formas de sobrevivir.

La violación de los derechos iguala nuevamente a todas las personas, al igual que el derecho a la propia identidad, necesidades básicas, sueños y aspiraciones. Esto se ha repetido a lo largo de los siglos y no ha sido recogido por esta leyenda; eso forma parte del apartado más triste de nuestra historia actual.

Estoy convencido que otra fábula puede ocuparse de ello, que se llegará a despojar el mercadeo del pasado, que hay que recordar, para no repetir. Os invito a comenzar a escribirla entre  todos... aquí, en el Mercado de San Antón.




viernes, 14 de febrero de 2014

SECCIÓN DE CONTACTOS. (LECTURA PÚBLICA EN LA BIBLIOTECA EUGENIO TRÍAS EN LA JORNADA DE RELATOS ANTIRROMÁNTICOS).POR DAVID M. VILLA MARTÍNEZ.





SECCIÓN DE CONTACTOS

Eros -el dios del Amor- y las Diosas Menores de las Artes, -alegres y ebrias tras el festín- se comprometen en un nuevo fin común, aunando sus lazos inmortales en una nueva concepción del querer que sobrepase los confines del Olimpo.

Así, la Pintura, la Música y la Danza se convierten en un fruto más de la pasión -quizás el más bello-. El Amor se muestra como la mejor de las artes en cada una de las caricias con las que el amante modela a ciegas el cuerpo del objeto de su afecto. Explora los lugares ocultos presuntamente prohibidos, en busca del aroma interior, la esencia que convierte todo en uno, al son de una música de respiraciones simultaneas, jadeos y susurros con una coreografía común, aprendida en cada gen y manifestada en cada célula.

En un momento cualquiera en el devenir de aquel Edén, Eros propone la consigna: el amor eterno, el amor correspondido, el amor oportuno, el alma gemela tan ansiada por los mortales. Para ello, reclama e invoca a los espíritus enamorados y a las influencias propicias explicándoles su misión. En tanto, las Diosas de las Artes ya se asoman al balcón terrenal con cierta curiosidad, pues aunque siempre es igual también hay algo distinto cuando dos almas se tocan. Desde allí contemplan expectantes la escena que va a desarrollarse.

Esperanza pulsa el botón rojo del teléfono móvil y en su cara se refleja un aliento nuevo y una luz en sus ojos de la que no es consciente. Regresa al taller y continúa restaurando la silla que ha rescatado de la calle tras el repudio de sus anteriores dueños, sobre la que se inclina mientras recrea en su mente la sucesión de acontecimientos de ese día. Por la mañana, al curiosear en varias redes sociales y secciones de contactos en internet encontró lo de siempre: anuncios de sexo rápido, esporádico y anónimo, intercambio de placer a cambio de dinero, propuestas de citas ambiguas, fotos que intentaban convencer de cuan morbosos, bien dotados y perfectos eran sus anunciantes. Pero uno de ellos, con foto de rostro llamó inmediatamente su atención: “Hombre de  treinta y seis años, separado, pintor, amante de la música y las estrellas, desea contactar con mujer sensible, espontanea y alegre para buscar juntos la felicidad del paraíso”. A pesar del final cursi del texto, un número de teléfono le daba credibilidad a la foto del hombre de mirada serena que transmitía confianza, tentando a Esperanza desde el primer momento.

Sus experiencias de amor no habían sido demasiado satisfactorias. Aunque no borraría nada de lo sucedido, se lamentaba de que la “casualidad” se empeñara en unirla a amores equivocados o no correspondidos, que si bien la habían sumido en la más febril de las pasiones, también la habían arrojado al abismo del dolor. Estaba aburrida de las formas diversas y variadas en que “conocía” a la gente, si es que a eso se le podía llamar conocer más allá del término bíblico.

Por esa razón, llevaba bastante tiempo inundada por un sopor sentimental, concentrada en su trabajo de restauración, en el cual se volcaba hasta la extenuación. Era más sencillo y menos doloroso que hacerlo con su propia vida.

Sin embargo, el anuncio se había grabado en su pensamiento y la idea de hacer uso de él le rondaba en la cabeza, como si una mosca se hubiera colado desde la nada  y buscara una salida a la libertad desde la redondez del cráneo.

Consultó el tarot, al tiempo que quemaba un papel con  sus deseos escritos en un pequeño fuego aromático a base de incienso de rosas. En el carro, símbolo del triunfo y realización feliz, vio el mejor de los augurios y el número de teléfono, que se materializara en una voz agradable y profunda con la que se citó para esa noche, levanto en ella curiosas expectativas. Se permitió sentirse ilusionada, animada ante esa cita y lo que podía deparar, dejando que su mente se disparara dejando al descubierto sus más profundos anhelos para el día de los enamorados.

Así, antes de la hora concertada Esperanza rodea el café en un paseo vigilante, atisbando a distancia el interior del local que se empieza a llenar poco a poco. Suele ser puntual en exceso y, por otro lado, quiere jugar con la ventaja de una primera impresión a distancia. La cita no aparece y piensa que tal vez él hubiera tenido una idea similar, o que ya encuentra dentro. Pasados unos minutos de la hora acordada entra y se dirige a la barra, buscando la figura que completara la suave voz y rostro agradable. Al no advertir señal alguna pide una cerveza y se sienta cerca de la entrada, en una mesa que considera suficientemente visible.

El tiempo transcurre con más de una hora de decepción, que aumenta por momentos con la sensación cada vez más dolorosa de haber sido víctima de un plantón o broma humillante. Tras un rato que se le antoja tedioso y de muchas cervezas más, un hombre de mediana edad  aproxima hasta ella sus incipientes sienes plateadas. No es, sin embargo, la persona esperada y Esperanza en un principio no le presta mucha atención, mas luego, tal vez por el estimulo del alcohol, acaso al presentir la fallida espera o quizás porque había pasado demasiado tiempo sin que nadie la hiciera reír, decide darle una oportunidad y concederse la ocasión de encontrar una nueva ilusión o, al menos, de un goce fugaz.

Juntos salen bajo la lluvia que les hace correr alegres como niños, ajenos a la llegada inusualmente renqueante de un hombre empapado por el agua, manchado de barro, con ligera cojera, cardenales y rasguños que recorre el bar en busca de su propia desesperación. Las Moiras,  diosas del azar, la fatalidad o el destino, separadas de todos los que cuentan con el privilegio de forjar su suerte, habían preparado su particular final de la historia. En sus mentes retorcidas habían dispuesto de pequeños espíritus burlones que ejecutaban sus intrigas pudiendo materializar cualquier objeto material de la nada. Las Moiras habían pensado entusiasmadas en afilados clavos capaces de reventar las ruedas del coche, hacerlo derrapar y estrellarlo… todo con tal de fastidiar a Eros y sus estúpidos planes amorosos.

El hombre de mirada serena está a punto de perderla, se siente abatido como una marioneta con los hilos cortados. Pasado el susto, enfado y nerviosismo tal vez llame a Esperanza de nuevo, pero desde luego no será hoy… El móvil está averiado, destrozado a causa del choque; como él…tanto por dentro como por fuera.

Eros y las Diosas Menores de las Artes recobran la sobriedad de golpe en el Olimpo.



martes, 22 de octubre de 2013

PDF gratuito con todos los relatos leídos en el Espacio Niram en la velada de Relatos "Vuelta al Cole"


PDF gratuito con todos los relatos leídos en el Espacio Niram en la velada de Relatos "Vuelta al Cole"  




¡Ya está!, ¡Ya ha salido! ¡No os lo perdáis!   
Recopilación en PDF gratuito con todos los relatos leídos en el Espacio Niram en la velada de "Vuelta al Cole" del Círculo Literario Mundi Book.
  ¡Ya está!, ¡Ya ha salido! ¡No os lo perdáis!  


Aquí está, chicos: la recopilación de relatos de Vuelta al Cole.
Esperamos que os gusten. Autores:
Ana Bernal, Miguel Arcaz, Carlos Carlos , Cristina del Toro Tomás y David Villa

  En tiempos de crisis es lo que os ofrecemos con toda nuestra ilusión y cariño.


jueves, 3 de octubre de 2013

VÍDEO DE LA LECTURA PUBLICA DEL RELATO "¿ASIGNATURAS PENDIENTES?" EN EL ESPACIO NIRAM


VÍDEO DE LA LECTURA PUBLICA DEL RELATO "¿ASIGNATURAS PENDIENTES?" EN EL EVENTO "VUELTA AL COLE" DEL CIRCULO LITERARIO MUNDI BOOK EN EL ESPACIO NIRAM




El comienzo de curso suele estar repleto de expectación a la vez que miedo, de propósitos de enmienda que solemos olvidar.







martes, 9 de julio de 2013

LECTURA DEL RELATO EN EL EVENTO "MALDITO CALOR" EN EL ESPACIO NIRAM: LICENCIATURA DE VERANO



LICENCIATURA DE VERANO


(Gracias a Daniel García -compañero de Circulo Mundibook- por ponervoz y sentimiento a este relato en el Espacio Niram al no poder yo asistir)

El calor, el maldito calor no impide que "los chicos de alquiler"se ganen su sustento.


LECTURA DEL RELATO EN EL EVENTO "MALDITO CALOR" EN EL ESPACIO NIRAM: LICENCIATURA DE VERANO

Aun siendo las cuatro de la madrugada el bochorno de estas noches de Junio es insoportable. El “portero” -un hombre maduro de rostro afable a la vez que respetuoso- viste un uniforme azul y rojo. Inclinando levemente la cabeza como señal de cortesía nos da la bienvenida al Hotel. Mi acompañante corresponde; yo soy incapaz de articular palabra.

Traspasamos la balaustrada de hierro forjado -de al menos tres metros de altura- y pisamos la larga alfombra roja como si fuéramos embajadores en visita oficial. Admiro el techo, embobado, contemplando las inmensas lámparas de cristal iridiscente. Antes de atravesar la inmensa puerta giratoria, flanqueada por columnas dóricas, me fijo en los cuidados maceteros cuajados de flores naturales.

-Gabriel, ¿sabes que el precio no varía? –insisto agarrándole suavemente del brazo.

-De vez en cuando hay que hacer alguna locura. Nunca he venido aquí, y me apetece conocer el hotel. En cuanto al dinero... No soy millonario, pero dame este gusto -insiste meloso-. Hace mucho que quería dormir en una de sus habitaciones, y esta noche quiero hacerlo... contigo.

Con algo de malignidad disfruto de la incomodidad que siento ante la idea de que page por mi y por estar conmigo tal cantidad de dinero. De haberme llevado a otro lugar, incluso a su casa, posiblemente hubiera aceptado de mejor gana, pero la presumiblemente escandalosa minuta me desasosiega un poco. Simplemente me abro a esta experiencia, como he tenido que hacer en los últimos meses desde que no me quedó más salida…   Debe de estar forrado de dinero de todas las maneras. Este capricho no lo puede pagar cualquiera.

Me indica que espere mientras  él  se acerca a recepción. Me siento en un vistoso tresillo de color blanco impoluto con adornos dorados, admirando su comodidad. Con el rabillo de ojo él ve como paso la mano por la tapicería impulsado por una irresistible curiosidad al tacto: es suave y agradable. Ahora lo hago de una forma insinuante, llena de intención para excitarle. El recibidor no es muy amplio. Esta adornado con columnas nuevas, de mármol resplandeciente, barrocos espejos, cuadros clásicos y relojes antiguos. Intuyo que se ha prescindido del gran vestíbulo original, tal vez para evitar curiosos y corrillos, habilitándose salones adyacentes, tal y como puedo divisar desde donde me encuentro. En su casi un siglo de historia, reyes y príncipes, aristócratas, la dorada bohemia intelectual de la generación del noventa y ocho y del veintisiete, creadores de moda y de fortunas y celebridades internacionales han creado, alimentado y mantenido su peculiar estilo.

Jean Claude Van Erik, el tercer hijo de una familia de burgueses belgas, había abandonado pronto las verdes praderas y las majadas de vacas por el brillo de Madrid. Ambicioso, dotado de una notable intuición y orfebre de las relaciones humanas, decidió hacer de la hospitalidad un arte. Antes de los treinta años había conseguido comprar uno de los mejores hoteles de la capital, El Dorado, destruido desgraciadamente durante la guerra civil. En aquellos tiempos ya era el director del Mónaco. Años antes había conseguido contratar a Mariano Rivera, el más célebre chef de su tiempo. Con él formó pareja, tanto comercial como íntima. Además de cama, compartían las mismas ideas: orden y limpieza en las cocinas, cuidada presentación de los platos, calidad y frescura de los manjares hasta la mesa. Con respecto a los clientes consideraron vital anticiparse a sus deseos y satisfacer las más difíciles exigencias. El hotel debía ser perfecto, no solamente bello sino también higiénico, eficiente, íntimo y discreto. Tras la muerte del afamado cocinero -fusilado en la posguerra por “ser rojo y maricón”- Jean Claude se sumió en una profunda depresión de la que no logró salir, teniendo que abandonar la dirección del hotel. A pesar de ello, sus socios han conseguido conservar tanto los ideales de servicio como su fama.

¿Cómo iba a pensar que mi carrera de arquitecto con honores tendría estas peculiaridades? Cosas de la vida.  Ahora ya no se nota la climatización y comienzo a transpirar  de nuevo.

Cuándo Gabriel dirige la vista hacía mí, vislumbro la mirada fija que me dirige el recepcionista. Me siento avergonzado al pensar que me crean puto, un gigoló. En realidad es así; lo llamen como o llamen soy un cuerpo en venta, un chapero, un chico de compañía, un scort a la fuerza aún no muy acostumbrado a su nuevo oficio. No asimilo encontrarme en un lugar donde se codean princesas, banqueros, representantes de diversos gobiernos y grandes fortunas en general. ¡Y yo con pantalones vaqueros ajustados  “marcando tendencia” y una camiseta sudada –eso sí, de marca-!

Regresa. Tras mio permanece la mirada del recepcionista. Tampoco me importaría hacerle un favor. Un botones entrado en años de mirada afable que dice “ya-lo-he-visto-todo”  lleva las llaves de la habitación.

-Ya está –dice Gabriel con satisfacción.

-Tengo la sensación de que el recepcionista me ha mirado de una manera –digo sin pensar-... no demasiado amistosa. Vuelvo la cabeza y descaradamente le lanzo un guiño. Colorado, simula revisar el libro de admisión. ¿Acabo de reaccionar como en la película  “Pretty Woman? ¡No doy crédito¡ El calor está haciendo estragos en mi. Solo me falta mascar chicle.

Mi cliente me tranquiliza diciendo que aquí deber haber un credo básico: Ver todo sin mirar, oír sin escuchar, ser atento sin mostrarse servil, prever sin parecer presuntuoso. El botones responde asintiendo con la cabeza -con estoicismo- que así es.


La habitación se encuentra en el tercer piso. Esta totalmente alfombrada, con chimenea -más decorativa que funcional- y amueblada al estilo Luis XIV. El inmenso lecho de baldaquino ostenta un hermoso cubrecamas de chintz en tonos pastel, exquisitamente combinados. La cómoda, el tocador, el tapiz y los cuadros me recuerdan al Palacio de Versalles. Ambos nos sentimos como insaciables esponjas incapaces de absorber el maridaje de lujo, arte y belleza que despide el cuarto. Y como esponja me lanzo a precioso minibar con el propósito de reponer fluidos pasados y aminorar los futuros.

-Tengo que reconocer –me dice Gabriel, dejándose caer en el mullido colchón-  que es la más barata. De todas formas es muy bonita, ¿no? -pregunta mirando alrededor, como si buscara mi aprobación.

No replico; no sé qué decir ante este tipo de clientes. Como niños, agarrados de la mano, admiramos las rutilantes lámparas, dorados y cortinajes dobles adornados de pasamanerías. Al pasar al cuarto de baño nos encontramos con un escenario a semejanza de una pequeña terma pompeyana, con una sauna, jacuzzi y mobiliario de mármol blanco a la usanza de la época. En las paredes hay pequeños estucos imitando la época flavia, con amorcitos, trofeos y bacantes. Sin cruzar palabra nos desnudamos mutuamente arrojando la ropa al suelo. Nos sumergimos en una cálida y burbujeante fluidez. Sigo teniendo calor, pero al menos estoy aseado para comenzar de verdad mi trabajo… mi nuevo trabajo… hasta conseguir la licenciatura.



martes, 4 de junio de 2013

VÍDEO DE LA LECTURA DE "EL HERRERO LOCO DE MAYRIT"






EN LA ANTIGUA MAYRIT DE LOS ÁRABES (MADRID) UN HERRERO MALDECIDO POR LA ESTRELLA BINARIA ALGOL ES CAPAZ DE CAMBIAR LOS DESIGNIOS DEL PROPIO ALÁ.

EL HERRERO LOCO DE MAYRIT








martes, 21 de mayo de 2013

PDF gratuito con todos los relatos leídos en el Espacio Niram en la velada de Relatos Medievales y Fantástico Medievales

 



¡Ya está!, ¡Ya ha salido! ¡No os lo perdáis!   
Recopilación en PDF gratuito con todos los relatos leídos en el Espacio Niram en la velada de Relatos Medievales y Fantástico Medievales del Círculo Literario Mundi Book.
 ¡Ya está!, ¡Ya ha salido! ¡No os lo perdáis!  

   Mil gracias a Carmen F. Mat, Covadonga Gonzalez-Pola, Daniel GarcíaMiguel ArcazLuis Francisco Reyes Gallego  por su trabajo y esfuerzo. Y también a Kevin Llanos Cruz por el taller impartido, que nos sirvió de motivación, formación y excusa para estos escritos.
  En tiempos de crisis es lo que os ofrecemos con toda nuestra ilusión y cariño.


lunes, 13 de mayo de 2013

EL HERRERO LOCO DE MAYRIT



EL HERRERO LOCO DE MAYRIT

EN LA ANTIGUA MAYRIT DE LOS ÁRABES (MADRID) UN HERRERO MALDECIDO POR LA ESTRELLA BINARIA ALGOL ES CAPAZ DE CAMBIAR LOS DESIGNIOS DEL PROPIO ALÁ.

EL HERRERO LOCO DE MAYRIT

El joven herrero lo intuye de sí mismo; los demás lo saben con certeza: ¡está loco!. Los astrólogos del Alcázar de Mayrit aseguraron que en su carta astral se encontraba la nefasta influencia de Algol, la eclipsante estrella doble maldita. Con excepción de los siete astros errantes conocidos, es decir, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, el resto del Universo es considerado inmutable, y las estrellas puntos de luz adosados firmemente a la esfera celeste. 

Todos los consejeros árabes estuvieron de acuerdo en su reclusión; todos menos yo: ¡Al fin y al cabo tengo algo de loco! Acostumbrados a atribuir causas sobrenaturales a todo lo que no comprendían, se dieron cuenta de que había un astro que, de manera repentina e inexplicable cambiaba su brillo de manera similar a como lo hacía, según la tradición mitológica, la Gorgona Medusa, divinidad femenina de los infiernos, que convertía en piedra a toda víctima de su mirada. 



Desde la alta torre de la fortificación levantada por el emir cordobés Muhamad I en la que se encuentra confinado el desquiciado desde los siete años, junto a otros reclusos sin nombre ni juicio, el herrero no podía sustraerse de cuando en cuando a la tentación de contemplar su obra. Lo hacía a escondidas, disimuladamente, con cierta vergüenza en sus mejillas, manteniendo un nexo emocional que sabia vetado. En su caso, el hecho de que el objeto de su atención tuviera su origen en un desacierto convertía aquella vigilia en algo reprobable. 



A causa de aquel suceso se atareaba a diario en los talleres del firmamento, forjando armaduras de perfección, destinadas a cubrir el cuerpo mortal de unos pocos elegidos. Desde el principio había demostrado su habilidad para fraguar, con un molde carente de tiempo, el armazón de voluntad que había de ser sustento de las virtudes, donadas como regalo de un azar caprichoso e inesperado. 

Mejorando el espectáculo del más afamado funalbulista lanzaba al aire los tornillos del absurdo, que en un vertiginoso cruce caían de asombrosa manera sobre los agujeros apropiados, logrando en su danza particular conectar la fantasía y la realidad. En ocasiones dejaba algún tornillo sin colocar, en un intento por trazar la línea fina que separa el abatimiento sin remedio, del gozo que, como una avalancha cósmica, lo inunda todo, y que en su precario equilibrio establece los cimientos de la creación y el descubrimiento. 

Sin embargo, cuando más disfrutaba el herrero loco, era en el reparto de adornos que colocaba en hombreras, pectoral y cada una de las dos mangas. Saltando en círculos en su frenética danza distribuía la sorpresa en mil apariencias y colores, capaces de transmutar la rutina y el tedio en humo gris que el viento limpia. Finalmente, con brochazos vigorosos, cubría todo su trabajo con el ansia de búsqueda, una pátina que hacia refulgir aquel esqueleto incorpóreo con resplandor cegador y eterno. 

Mucho tiempo atrás, su porvenir apuntaba a un destino bien distinto. Recibió entonces el encargo de hacer su primera entrega y, trazando espirales con su alma se subió a lomos de una Ababil, una de las aves fabulosas del Corán enviadas por Alá  para atacar a los abisinios frustrando el sitio a la Meca en el mismo año del nacimiento deMahoma. Se desplazó sobre la portentosa ave juguetonamente hasta el patio de su emir, el núcleo central de la ciudadela islámica de Mayrit… Planeo sobre el recinto amurallado compuesto por el castillo, una mezquita y por la casa del gobernado. Fue ahí donde la fortuna, en un antojo molesto, comenzó su sinuosa huida. 

Subido al ave gloriosa se coloca en posición. A sus pies un grupo de niños está a punto de entrar en uso de su razón escondida, juegan en un bullicioso desorden sin ser demasiado conscientes de que su patio de juegos permite la vigilancia del camino fluvial del Manzanares, clave en la defensa de Toledo ante las frecuentes incursiones de los reinos cristianos en tierras de Al-Ándalus 

Apartada de la algarabía, llama su atención una niña cuyo rubio pelo de oro se expande en ondas inapreciables hasta llegar a su cintura, resaltando su rostro ovalado, magnifico, de blanca y suave piel, en el que resaltan dos bellísimos ojos azules de mar y una dulce y serena boca. Ese es su propósito: la pequeña rehén cristiana de su emir. 

El herrero trastornado se coloca entonces justo encima de la vertical de la beldad dispuesto a arrojar sobre ella la coraza de las virtudes. Pero perdiendo el equilibrio por su frenético baile sobre la Ababil -o por el eclipsamiento inoportuno de una de las estrellas dobles de Algol- el objeto invisible resbala de una de sus manos y, tras un forcejeo breve, recuperado finalmente el control, se desprende por fin de la coraza con un impulso glorioso. 

La escena dura unos instantes, una fracción ínfima en la longitud perpetua de la existencia, pero suficiente para que la inocencia rubia se vea sacudida por un sólido empujón que le hace caer al suelo llorando. Su ángulo es entonces ocupado por otra muchacha, morena con tez olivácea, de apariencia generosa, con picaros ojos y la boca fruncida en un gesto de terquedad que, con los brazos en jarras le grita si juega o no. Es Nadira, la hija de la cocinera del gobernador, cuyo nombre significa salud, felicidad, rara, preciosa, fase iluminada… 

Sobre esa figura rotunda se derraman las gracias en un remojón equivocado con el único efecto visible de una ligera brisa tras la que, impaciente, se desprende con ímpetu en una tosca carrera hasta el grupo de niños que continua gritando y riendo. 


Aquella fue su única entrega. Desde entonces su actividad se limita a fabricar aquello que otros deben repartir, como castigo de un mundo superior que aborrece cualquier ínfimo atisbo defectuoso. A pesar de ello, el herrero loco no cambiaría nada del pasado y cuando encuentra la ocasión de asomarse hacia lo material con un clandestino seguimiento, no puede evitar desear la pausa definitiva del tiempo, arrobado como un padre terrenal en la admiración de aquella muchacha mezcla de fuerza creativa, de tozudez y de irreflexiva espontaneidad que, vestida ya de mujer con lino ligero y velo, avanza dirigida por tres empeños: 

¡Pensar, sentir, vivir…! Independientemente de lo que quiera el demonio árabe B Persei... ¡Ella es inmune al “heredado” influjo de Algol que enloqueciera al herrero que le proporcionó su inconsciente pero tenaz y brillante coraza! 

De un "loco herrero maldito" vino a Nadira su gozo por la vida.









lunes, 6 de mayo de 2013

VIDEO DE LA LECTURA DE "El CUENTA-CUENTOS" EN EL EVENTO LA NOCHE DE LOS LIBROS 2013 AUSPICIADO POR LA COMUNIDAD DE MADRID EN EL ESPACIO NIRAM



EL CUENTA CUENTOS



Hay momentos que marcan nuestras vidas y que con los años. al revivirlos de diversas maneras, cobran un sentido nuevo. Tal vez no los comprendamos del todo pero nos ayudan a avanzar, a vivir la magia e incluso a perdonar.






miércoles, 24 de abril de 2013

LECTURA DE "El CUENTA-CUENTOS" EN EL EVENTO LA NOCHE DE LOS LIBROS 2013 AUSPICIADO POR LA COMUNIDAD DE MADRID EN EL ESPACIO NIRAM


LECTURA DE "El CUENTA-CUENTOS" EN EL EVENTO LA NOCHE DE LOS LIBROS 2013 EN EL ESPACIO NIRAM 


Hay momentos que marcan nuestras vidas y que con los años. al revivirlos de diversas maneras, cobran un sentido nuevo. Tal vez no los comprendamos del todo pero nos ayudan a avanzar, a vivir la magia e incluso a perdonar.


EL CUENTACUENTOS

Si el rumbo de mi vida no hubiera hecho parada por segunda vez en una situación similar, yo no hubiera rescatado de la memoria dormida la primera vez que vi al cuentacuentos en la biblioteca del barrio, hoy en día cerrada y olvidada por las instituciones junto al centro cultural a causa de la crisis. Es algo que me duele a la vez que me indigna y ante lo cual he intentado movilizar al barrio con dispares resultados. Perdonad, me desvío de la historia… 

En esa primera ocasión yo apenas tenía siete años. Mi padre volvió aquella tarde a casa y madre nos había acostado a mi hermana de dos años y a mí a la hora acostumbrada de la obligada siesta. Ninguno de nosotros podíamos sospechar que nuestro sueño se vería interrumpido por un seísmo con aspecto de progenitor que nos removía mientras cantaba a gritos las excelencias del cuentacuentos, que había aterrizado en nuestro barrio y que no podía comenzar sin nosotros. Mi madre rió, me dio un beso en la frente y se quedó con mi hermana pequeña. Yo no entendía a que venía tanto alboroto y he de reconocer que lo que menos me apetecía era salir de la cama y vestirme como un pincel.

Desde la distancia que los años imponen, apenas si puedo acordarme del edificio modesto que era la biblioteca de aquellos años, del  salón lleno de sillas en filas circulares, quizás dispuestas así para disipar la realidad de unas estanterías feas de madera, unos libros muy usados con signaturas en los lomos y tomos llenos de colorido infantil en las estanterías más bajas, a nuestro alcance. El colorido estaba acentuado por las manchas de chocolate, grasa de los bocadillos de mortadela o chorizo y de bebidas de cola provenientes de meriendas impuestas o golusmeos furtivos. Sin embargo, aparecen nítidas y completas las imágenes del cuentacuentos, aquel personaje que aunque parecía fuera de lugar en el usual recinto destinado a la lectura, ocupó, sin yo saberlo, el espacio más profundo de mi corazón. Al poco me pareció comprender la expectación de mi padre, el hecho de ir tan bien vestido, como si fuera domingo. Aquella era una ocasión muy especial y en nada se parecía a lo que había vivido hasta el momento. Creo que no le pude agradecer lo suficiente aquella tarde juntos de tan excitado que estaba, aunque supongo que para él esa fuera una forma de hacérselo saber. Al llegar a casa, durante la cena, conté a mi madre atropellada e inconexamente lo que había visto, oído y sentido mientras ella escuchaba y gesticulaba exageradamente, como se suele hacer cuando los niños cuentan algo.

Aquél es uno de los últimos recuerdos que tengo de mi padre; camionero de profesión volvió al día siguiente a su trabajo. Una semana después se durmió al volante en una carretera secundaria en Francia, durante la noche, se estrelló...

Pasados algunos decenios, habiendo formado una familia propia, regresé a la “biblioteca” llevando a mi hijo, tal  como mi padre hizo conmigo y quiero pensar que sus padres, de una forma u otra, hicieron con él, con el fin de perpetuar aquello que nos proporciona felicidad y momentos mágicos.

Agarrado a su manita de seis años, nos introdujimos en el centro cultural que sustituía a la vieja biblioteca. Nos sentamos en el salón de actos en la tercera fila, bien centrados, rodeados de padres y madres acompañados de sus hijos y de algunos adultos sin descendencia presente pero que se sentían niños. La cacofonía de quejas, risas, lloros y reprimendas fue disminuyendo cuando él apareció, lleno de recursos, captando su atención y curiosidad en unos segundos.


Mi hijo disfrutó con la presentación, se río ante los gestos del cuentacuentos, escondiéndose casi debajo de mi abrigo, cuando él nos contaba sus aventuras más peligrosas o se enfrentaba a los enemigos más terribles...

Yo me complacía viéndole, seducido por sus pequeños movimientos. De pronto quedé aturdido, sorprendido  por la unión del presente y el pasado, por la superposición de la imagen del ayer y del hoy. El improvisado escenario se había oscurecido y en el centro de un inmenso foco de luz estaba situado el cuentacuentos, el mismo que visitó mi infancia. Era una de esas personas que podía  haber sido considerada  “corriente” en el sentido en el que su físico no destacaba especialmente; era de aquellas personas  a las que era complicado calcular su edad pero transmitía, vibraba, te seducía, te ganaba con su abanico de recursos desplegados como las plumas de un pavo real.

Su espectáculo seguía siendo tal y como yo lo recordaba; aquel hombre vivía y nos hacía vivir extraordinarias historias sacadas de los libros, corriendo con al trote de un caballo, agitándose con el contoneo sinuoso de una bailarina árabe, saltando en ágiles movimientos para esquivar dagas y espadas asesinas. Las Mil y una Noches – en versión infantil- se transformaban en mil personajes que se esfumaban, evolucionaban o reaparecían en una parte del relato.

Después, el comediante relajaba los brazos a lo largo de sus costados, miraba a ninguna parte y, cómo movido por los aplausos del público  se balanceaba levemente como si fuera un árbol mecido por el viento, esperando ausente a que cesaran las muestras de entusiasmo para iniciar otra ficción donde presentar a nuevos personajes y tramas, animales y lugares, el día y la noche, la lluvia y el sol, incluso la alfombra voladora de Tangu, bajo una apariencia humana.

Aquel espectáculo consiguió que los recuerdos, tantos años proscritos fuera del caparazón protector que me había construido, rompieran la coraza para hundirse en mi cuerpo como dardos agridulces, provocando una oscilación firme en la balanza de las alegrías y las penas. Fuera  por una cosa o por otra, porque por las dos se suele llorar, sentí que mis ojos se nublaban y busqué con la vista la figura de mi hijo, un asidero que consideraba seguro a la realidad.

Al volver la cabeza, sentí como mi asiento desaparecía y yo me hundiera en el vacío; el niño que se encontraba a mi lado no era otro sino yo con siete años, un niño feliz que se reía deslumbrado, que me miraba sin extrañarse de que yo fuera él mismo e inmediatamente caí en la cuenta de que, si este cuadro estaba completo, aquél que miraba mi doble infantil únicamente podía ser mi padre.

Entonces, la añoranza de ser aquel niño una vez más y volver a la vieja biblioteca o donde la buena suerte y mi padre quisieran llevarme, rompió la tela que enturbiaba mi visión y lloré en silencio, perdonando a aquél o aquello que me lo había arrebatado; perdonando a mi padre por haberme abandonado tan pronto aunque fuera en contra de su voluntad.

Para que el caprichoso círculo quede perfecto, cabal, cerrado, es importante decir que a partir de aquel día me redescubrí como escritor tras muchos años de abandono ante el folio en blanco, ante el miedo a las palabras sentidas, ante la repentina consciencia del poder y magia del vocablo para calmar la melancolía de una pérdida o la insatisfacción ante lo que se cree que nunca se llegará a poseer; ante la posibilidad de viajar sin tiempo, espacio a lugares reales o mágicos; o, tal vez -y esta es  una posibilidad que aún me trastorna, para cumplir un deseo demasiado lejano que me agarró el alma para siempre, al encontrar en un bolsillo del abrigo de mi hijo un programa de actividades insólito, descolorido, impreso con la frase “El cuentacuentos ha llegado”; un precio, dos pesetas y una fecha que jamás llegaré a olvidar.

viernes, 19 de abril de 2013

LA NOCHE DE LOS LIBROS 2013





LA NOCHE DE LOS LIBROS 2013

 El espacio en el que tengo el placer de participar con la lectura de mis relatos ha sido seleccionado por la Comunidad de Madrid para formar parte el próximo 23 de Abril en La Noche de Los Libros. Esta actividad concentra diversas bibliotecas, centros culturales, universidades, espacios literarios entre otros coincidiendo con la celebración del Día Internacional del Libro.



Estoy encantado de mi colaboración y os comunico la programación en la que participaré para tan señalado día. Las actividades especificas de Espacio Niram y Circulo Mundibook se realizarán en dos ubicaciones: la primera en la Universidad Complutense a las 19 horas. La celebración seguirá a las 20 horas en Espacio Niram con más actividades. Paso a detallarlas:


UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, Facultad de Filología, sala 217. 


19 horas: Presentación y charla con el autor Fernando Podadera Cobos, sobre su novela BAÚL DE SERPIENTES:


ESPACIO NIRAM, C/Independencia 2, Ópera.


20 horas: Lectura de Relatos LA MAGIA DE LOS LIBROS

-EL CUENTACUENTOS, por David Villa Martínez, autor de Diario de una Impostura y De Levi (Sospecha de leve herejía).

-LEER… TE TRANSPORTA, por José Paz, escritor de relato y microrelato.

-LA LEYENDA DEL POETA SEBASTIÁN, por Miguel Ángel Arcaz, escritor especializado en relato.

-LA MAGIA DE LOS LIBROS, por José Jesús Rueda.

-LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS VENCEDORES, por Daniel García Domínguez.


20:30 horas : Presentación de la novela “EL GEN. LAS RUINAS DE MAGERIT.”, escrita por Covadonga González-Pola, Directora del Círculo Literario Mundi Book.


Espero que os interesen estas actividades y que os animéis a venir. Todas nuestras actividades son GRATUITAS. En este caso, la entrada es libre, hasta completar aforo.



Podéis
 seguir las que tengan lugar en Espacio Niram,  ya que realizaremos la retransmisión en STREAMING, mediante el siguiente enlace:

Os animamos a pasaros y también a que invitéis a vuestros contactos. Os dejo aquí el cartel.

miércoles, 20 de marzo de 2013