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martes, 27 de enero de 2015

Φ (TAU) EL NÚMERO ÁUREO & SINAPSIS. POR DAVID MARIO. VILLA MARTÍNEZ.





Φ  (TAU) NÚMERO ÁUREO


El número áureo o de oro (también llamado razón extrema y media,razón áurearazón doradamedia áureaproporción áurea y divina proporción) representado por la letra griegaφ (fi) (en minúscula) o Φ (fi) (en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias, es un número irracional:

 



Aquí, ahora, tenemos una conciencia de la realidad. Pero, ¿Y si no fuera  la única?



Φ  (TAU) EL NÚMERO ÁUREO & SINAPSIS



Φ (TAU)…. Por fin he alcanzado mi destino tras tanto tiempo. Han merecido la pena los estudios de Tercera Fase en el Centro Experimental Cuántico; ahora estoy preparado para supervisar el Instituto de Sueños Futuros y manejar los contenidos almacenados en la Segunda Vida. Estaba deseoso de ello. Es emocionante, aunque debo guardar distanciamiento para poder ser objetivo. 

Φ (TAU)…. Jamás imaginé el placer extrasensorial que proporciona poder acceder libremente a todas las dependencias de paso restringido. La sensación de poder, sin duda alguna, puede convertirse en algo más fuerte que la voluntad de aquél que la siente. Pero ese peligro, gracias a la madre ciencia, cada vez es menor; solo quedan pequeños restos de lo que antaño fue el dominio de los instintos, un triste recuerdo de tiempos pasados superado por la trascendencia y la iluminación en la Mente Global. 

En mi memoria actual aún se conservan imágenes del milenio glorioso en el que las palabras tales como dictadura, opresión, codicia, guerra, hambre, miseria, miedo, ego quedaron antiguas en el diccionario de la Nueva Realidad para pasar al Compendio Descriptivo Histórico. Si los estudios sobre Permanencia Genética consiguen mejorar sus resultados y aplicaciones a nivel de estructura compleja, espero que mi Primera Vida se alargue hasta darme la ocasión de ser testigo de que todos los términos relacionados con el abuso y miedo del hombre formen parte del Libro de la Prehistoria de la Tercera Dimensión. 

Φ (TAU)….este es mi Santuario. Aquí se añade cada día un ladrillo más al puente de las Dos Vidas. En estas estanterías virtuales están almacenadas más de 300 Nevis (1 Nevi = 1000 millones de años) de Sueños Futuros. Y estamos en condiciones de afirmar que los últimos 100 Nevis están recogidos en su totalidad, pues desde entonces se comprobó que aquello que los Especialistas de Sanar entendían como enfermedad constituía en realidad en un viaje infrainconsciente a la Segunda Vida y lo que a nuestros ojos parecían convulsiones, dolores y pérdida de la localización terrena, solo era el reflejo exterior de la oposición del sujeto a abandonar otros paisajes, otras compañías, otras realidades y sentimientos mucho más maravillosos y perfectos que los conocidos. 

Hemos logrado recuperar muchas de las visiones que acompañan a lo que los antiguos llamaban Crisis y que en la terminología actual denominamos Visitas. No todos los sujetos tienen la capacidad de transmitirnos sus ensoñaciones y visiones, pero cada vez son más los que recuerdan el contenido de sus observaciones cuando recuperan la conciencia. 

Una de las teorías que espero tener desarrollada para el próximo Cónclave de las Séptimas de Acuario consiste en que estas personas poseen un estado mental más avanzado que el resto de los habitantes de nuestra superpoblada galaxia, y que en ellos las leyes de la evolución, que ya postulara hace tantos Nervis el Maestro Darwin, funcionan una velocidad más rápida, bastando un período de tiempo Cósmico Cuántico más pequeño para que se produzcan cambios perceptibles. 

Sábenos que los propietarios de Sueños Futuros eran proscritos en el origen de la civilización humana, a lo sumo enfermos. Ahora muchos de ellos han sustituido a sacerdotes, druidas, profetas, mulás, rabinos, gurús y ocupan un lugar esencial en la sociedad en su Nuevo Ciclo. 

Gracias a ellos tenemos más cerca el conocimiento de la Segunda Vida, la organización de una Naturaleza bajo nuevas leyes físicas y socioculturales, y la unión de todas las cosas en comunión ante la presencia del infinito y unidad. 

Sin embargo, mi cometido actual es otro bien distinto del mero estudio del funcionamiento de la Segunda Vida. Una labor que resulta a la vez desalentadora e ilusionante. ¿Existe la Tercera Vida después de la Segunda? Y en caso afirmativo, ¿cuántas Vidas habrá en total? 

Φ (TAU)… Bien, iniciaré mi tarea con el documento &2236k35-c. ¡Valla! Este aun guarda restos arcaicos y encriptados del tema. Bueno, empezaré por el comienzo entonces: “Epilepsia. Enfermedad crónica, caracterizada por crisis convulsivas con…”




martes, 18 de febrero de 2014

LAS NOCHES EN VELA. POR DAVID M. VILLA MARTÍNEZ.




 En ocasiones la vida nos pone a prueba,dejamos de queremos y olvidamos que disponemos de las fuerzas del universo para recuperar la fe y la esperanza.



LAS NOCHES EN VELA



El ascensor -nuevamente estropeado ante la dejadez del presidente de la comunidad de vecinos en llamar al técnico- obliga a Mercedes, en una escalada que se le antoja faraónica, a ascender a pie los altos escalones que la conducirán a su acogedor ático, su refugio. 


Lo que antaño fuera una leve escalada en otras circunstancias, se convierte ahora en un supremo esfuerzo y Mercedes, exhausta por la suma demasiado lenta de peldaños y descansillos, logra llegar ante la puerta de su hogar e introduce la llave en la cerradura, percibiendo en su mano el tenue temblor por el esfuerzo, que aun no ha conseguido controlar totalmente. Jadea, transpira… 

Ya dentro, con el último forcejeo de sus brazos inquietos, cuelga el abrigo en un perchero repleto de chaquetas y sombreros. Allí queda también colgada su última sonrisa, aquella que aún le causa el recuerdo de sus amigos, un fugaz y lejano islote entre el embravecido mar de sus temores. Sabe que están cerca pero ella, en ocasiones, los siente lejos. 

Camina al salón; nuevamente descubre en el espejo que hay en el pasillo, como si fuera la primera vez, a la triste y seria desconocida que la mira en una silenciosa suplica desesperada. No se reconoce, la imagen que se refleja no es la que de ella misma tenía tan solo unos meses atrás. No se quiere, no se acepta. 

Perdida en el laberinto de sus pensamientos, se aproxima al sofá, y desde él, sentada en la áspera soledad, toma el mando a distancia y enciende mecánicamente el televisor de plasma. Una reposición de una obra de teatro se desarrolla en el interior de los márgenes de la caja; también en los límites de las paredes de su casa, porque Mercedes, interpretando la vida, se cubre, a intervalos apenas separados por una corta bajada de telón, con mascaras variadas que rigen la escena, la risa y el llanto, sin que pueda distinguir cual de las dos es su autentico rostro: Tragedia o comedia griegas. 

Las imágenes se suceden inútilmente, incapaces de evitar que Mercedes abandone el salón, silencie el aparato y encamine sus pasos hacia el dormitorio. Allí intenta camuflarse en la oscuridad y el vacio como si fuera un camaleón. Reza para que el día, como un bálsamo de esperanzas pleno de posibilidades, la sorprenda pronto y sin interrupciones. Se arropa, se abraza así misma intentando calentarse, tanto por fuera como por dentro. La escarcha interior es aún más intensa y no es aplacada. 

No ha pasado una hora y Mercedes ha deshecho la cama con sus bruscos cambios de postura, está inquieta como un caballo aterrorizado ante la probabilidad de que se acerque desde el horizonte la tormenta cargada de los negros nubarrones del insomnio; una noche más sin dormir. 

Resignada, se levanta y recompone las sábanas, mientras piensa que al extirparle la enfermedad a falta de los resultados finales, tal vez le arrancaron con ella el pasaporte al país del olvido, el liberador abandono de los sueños. Está cansada de pruebas, ingresos, batas blancas y diagnósticos. 

Sus ojos, habituados a la negra espesura que la rodea, atisba el ventanal desde la cama. Se acerca y descorre los cortinajes que la separan del cielo, limpio de nubes y sembrado de estrellas. Esta noche la luna, en su generosidad de siete días, ha cedido el protagonismo a millones de puntos luminosos que compiten en guiños y parpadeos incansables. 

Mercedes se acuesta de nuevo; esta vez en el suelo, contemplando la porción de firmamento que muy lentamente, se desliza en un eterno movimiento circular. Impulsada por algo indefinido, cierra los ojos tras contemplar es destello huidizo de una estrella fugaz y pide un deseo. Cuando los abre de nuevo, se de cuenta de que tiene las manos apretadas hasta el punto de que sus uñas se clavan en sus palmas; entonces se relaja estirando los brazos al aire como si con ellos quisiera abrazar el universo entero, recibir su energía. 

De improviso, una corriente fría, grata, purificadora la rodea en un contacto delicado y entonces Mercedes, bajo el éxtasis de lo imposible, siente que su deseo acaba de hacerse realidad en una presencia imprecisa y consoladora que la acaricia, la sostiene en un maternal abrazo casi extraviado en la memoria y añorado en tantas ocasiones; la aparta del turbio presente, preservándola de los riesgos del futuro y los médicos con sus sentencias y que en un clamor de voluntad, fuerza y alegría la engendrará por segunda vez. Sabe que al día siguiente el espejo le devolverá otra imagen más cercana y que tendrá que seguir trabajando en ello. 

Finalmente, calmado el espíritu, la vela hace acto de presencia, mientras un letargo tranquilo y reparador la hunde en la deseada inconsciencia reparadora.